Miraba yo desde tu ombligo,
Mis manitas en tu delantal.
Las tuyas, sobre mi ventanal:
Mi primer saludo a este mundo.
No dormiste
Hasta que al respirar me diera el color.
No dormía
Hasta ver tus ojos limpios de dolor.
Desde tus senos al castigo.
Fue tuya y mía la soledad.
Y verte como tú a mí llorar
Mi segunda salida al mundo.
No dormía
Hasta que en tus ojos yo viera el solaz.
No dormiste.
Nunca, nunca más dormiste bien, mamá.
Que por ti llevo este respiro
De descanso, de vacío voraz.
En mis amores, siempre tu faz.
En tu ventanal mi mano hundo.
Sigo esperando tu saludo.
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